miércoles, 13 de julio de 2011
La ciénaga
Me dirigía, a través del bosque espeso y umbroso, al prado de la ciénaga, una finca peculiar y repleta de leyendas: reses desaparecidas, criaturas monstruosas, brujas, diablos... También se encuentran allí unas extrañas piedras, al parecer, restos de un antiguo santuario. Se trata de un gran sillar cúbico con varios escalones, rodeado de varios menhires. Hasta allí me habían conducido cierto espíritu romántico y, sobre todo, el sueño: aquel sueño que se venía repitiendo varias noches desde que regresé al pueblo, y al que atribuía a la influencia de aquellas leyendas sobre mi imaginación. Siempre se desarrollaba del mismo modo: en una noche oscura, el antiguo ara destacaba en las sombras, la niebla cubre el pantano y la Luna brilla roja; sobre el santuario se encuentra una figura con un cuchillo y un bulto a sus pies; la figura pronuncia extrañas palabras mientras precipita el cuchillo sobre aquel bulto, un cuerpo humano, arrancando su corazón después. La sangre fluye , bajando las escaleras, brillando inusitadamente bajo la Luna, y al alcanzar el pantano.. el lodo se retuerce y los juncos se mueven, como monstruosos apéndices de un ser aún más monstruoso; entonces veo los ojos de la persona sacrificada, muy abiertos, mirando la Luna, y esos ojos... son los míos. Al llegar a ese punto, me despierto aterrado. En efecto, había ido a aquel lugar en un intento de calmar mis terrores, infantiles, irreales. Todo estaba en calma. Subí las escaleras cubiertas de hongos y musgo, donde tantas noches había visto correr mi propia sangre, y observé la ciénaga. Todo normal. Lancé una risotada, mofándome de mis propios temores. Sin embargo, el sueño se fue haciendo más frecuente, y todo llegó a su cénit hace pocas noches: en el plenilunio. Me desperté después de haber tenido otra vez el sueño, aterrorizado. La habitación estaba bañada por una luz roja: la de la Luna. Al mirarla directamente, me sentí hipnotizado. No me acuerdo de cómo llegué a la ciénaga. Esperaba algo, pero no sabía qué. Entonces, cuando la luna llegó a su punto álgido, comenzó:¡el lodo y los juncos comenzaron a moverse hacia mí, en forma de tentáculos informes, deformes, multimormes! Me abrazaron las piernas, tirando de mí hacia el centro del pantano. Yo no tenía miedo, no sentía ninguna emoción. ¡Estaba fuera de mí! Pero una nube cubrió la Luna y tomé conciencia de mi situación. Me es imposible describir la mezcla de emociones que sentí al darme cuenta de que "algo" tiraba de mí y, sobre todo, al darme cuenta de que hacía rato que lo sabía. En un paroxismo de terror intenté escapar, me así al ara, pisoteé aquellos tentáculos de fango, hice todo lo posible y, tras largos esfuerzos, conseguí liberarme. Huí lo más rápido posible, topezándome, arañándome y golpeándome con mil ramas y espinos; corrí y corrí a través del bosque hasta perder el sentido. Desperté en mi propia casa, al lado del médico; la gente del pueblo me había estado buscando y, al final, me encontraron. Simplemente pensaron que me había tropezado dando un paseo por el bosque. Me dijeron que estaba bastante bien, sólo algunos arañazos y golpes. He estado descansando, tranquilo, pero el sueño ha vuelto.He intentado regresar a la ciudad, pero algo me lo impide. Se que ya no puedo escapar del influjo del pantano, mas tarde o mas temprano, acabaré siendo devorado por él , y sólo hay una salida. Soy consciente de que no será agradable encontrar mi cadáver colgado, que esta nota sirva de despedida, disculpa y explicación a lo que me dispongo a hacer.
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