viernes, 16 de diciembre de 2011

Catalepsia


En un ataúd de cristal,
adornado con doradas filigranas,
ella duerme.
Mas su sueño no es el sueño de 
la muerte.

Las violetas adornan su pelo, 
los lirios yacen en su lecho 
y las rosas duerman en su pecho.

Pero estas flores, aún no marchitas,
están destinadas a pudrirse con ella,
no muerta, tan solo dormida,
pero condenada
a sufrir angustiosamente,
enterrada viva.

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